TRISTES RECUERDOS

Esa tímida sonrisa,
que se escondía en el miedo,
porque el miedo era su cárcel…
cárcel del desasosiego.

Aquel rictus de amargura,
consciente de su inconsciencia;
hierro candente en su pecho
por no ser como era ella.

Ese beso en el deseo,
que al no poder ofrecerlo,
enmudecía sus labios,
que se quedaban resecos.
Entonces… lloraba yo
nubes de lágrimas vivas,
humedeciendo su boca…
fundiéndola con la mía.

Txema
Junio de 2019