CUATRO DÍAS DESPUÉS

Me llaman del Centro: está violenta, agresiva…

No logran controlarla;

grita pidiendo volver a casa.

Me piden que suba a buscarla.

En cuanto me ve corre hacia mí;

me abraza fuertemente, besándome con dulzura;

con manos temblorosas acaricia mi nuca.

Su mirada de luna se refugia en mi nido;

el miedo de perderme huye despavorido.

Sus palabras no agreden, solo expresan ternura.

Me dice que me quiere: una, dos… ocho veces;

y se deja querer, sencilla y suavemente.

Al cabo de 15 minutos inicia su relato:

inconexo, agresivo, incoherente.

—Me miran y no hablan. Piensan que soy idiota; todo el rato me mandan. ¡Allí no, allí no! ¡No quiero, no quiero!

Se para por la calle, insulta a los que pasan,

habla muy acelerada, con rabia en su mirada

y un rictus de amargura que se dibuja en su cara.

Nos volvemos a casa para intentar calmarla:

afecto compartido con musicoterapia.

Y se acuesta tranquila, fuertemente abrazada,

repitiendo un “te quiero” mezclado con sus lágrimas.

Txema Lorente

22 de junio de 2018

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s