DE LA MANO

Salimos a pasear cada mañana
como dos adolescentes, con remango,
y al posarse nuestros pies sobre la acera
me reclamas con pudor:

—¡Dame la mano!

Y yo te la regalo presuroso,
ella evita tus tropiezos y caídas;
te da seguridad y fortaleza
transmitiendo una ternura desmedida.

Sus dedos juguetean con los tuyos
y el rubor sale al balcón de tus mejillas,
ellos dicen mucho más que las palabras,
se recrean en sonrisas y caricias.

Y vamos dando brincos de alegría,
entonando melodías… piano, piano,
volando por encima de los charcos
como pájaros cantores…

de la mano.

Txema Lorente
Noviembre 2017