SERVILLETAS SOLIDARIAS

Al terminar de comer,
bastantes migas de pan reposan sobre el mantel.

— ¡Tenemos que recogerlas! ¡No debe quedar ni una! —me repite Maribel.

Ni corta ni perezosa
toma el mejor utensilio: servilletas de papel.

Y comienza la frotada, aumenta la intensidad,
las migas desaparecen y ellas toman su lugar.

Intentando la limpieza
se empiezan a desgajar,
cuanto más se las aprieta
se destruyen más y más.

Tras media hora de intentos
van taponando el mantel,
¡qué bello manto de nieve!
¡qué sensación de placer!
Es el caos de lo absurdo
que hace sonreír con él.

Ya no quedan servilletas,
han entregado sus vidas,
luchando por una causa,
que es una causa perdida.

Txema Lorente
Noviembre de 2017